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Rodrigo Barranco Déctor . / Veracruz / 13 de Diciembre del 2009
Empiezan a resignarse familiares de pescadores
Queda un rayo de esperanza en que vuelvan

   Veracruz - DON RUBEN CHAVEZ supone que el temporal los atrapó y el fuerte oleaje y vientos le dificultaron el regreso a la costa..- Wenceslao Fuentes

Salieron a buscar un tiburón y no regresaron



La incertidumbre atormenta a don Rubén Chávez Lobato desde hace días. La preocupación no le permite dormir bien. Se despierta a cada momento, sale de su choza, ubicada a orillas de la playa de Chachalacas, y pasa minutos observando el mar, con la esperanza de encontrar rastros de su hijo  Raúl y su nieto Jonathan.
El 25 de noviembre sus consanguíneos acompañados por un amigo, salieron a pescar tiburón y no volvieron. Hasta el momento nadie sabe nada de ellos. Aunque muchos esperan lo peor, los cuerpos no salen a flote y las brigadas de búsqueda sólo hallaron la lancha "Rubí" en la cual se embarcaron ese día.
Cerca de las 7:00 de la mañana de aquel día,  Manolo López Morales, Raúl Chávez Téllez y Jonathan Chávez Cruz salieron a alta mar. Los tres tenían la finalidad de navegar por dos horas, lanzar redes y recogerlas para capturar especies.
Según testigos, todo estaba normal, el mar quieto, el cielo despejado y no había indicios de lluvia. Por décadas los lugareños saben si ingresará mal tiempo, por las noticias en la radio. En esa ocasión los pescadores sintonizaron una estación de la ciudad de Veracruz donde no pronosticaban nortes en las próximas horas.
Pero en las últimas horas el tiempo no había sido particularmente bueno.
Las personas que viven de la captura de la fauna marina llegan al atracadero de Chachalacas cerca de las 5:00 de la mañana para preparar sus redes y hacerse a la mar antes de que el sol pegue con fuerza. Ese 25 de noviembre Raúl llegó en su antiguo Chevy y alistó todo. Después arribó al sitio en una motoneta Manolo y por último llegó a pie Jonathan.
Antes de que don Rubén diera la anuencia para zarpar a su nieto e hijo, preguntó a los demás pescadores si estaban enterados de la entrada de un frente frío o mal tiempo. Todos respondieron de manera negativa.
‚"Le grité a Raúl si llevaba gasolina y me contestó que llevaba dos galones y se fue en chinga", recuerda el viejo pescador, mientras se agarraba su sombrero de paja.
LA TRAGEDIA
Con la confianza de tener un buen clima, media hora después de la salida de Raúl, don Rubén también zarpó con su hijo mayor, quien tiene su mismo nombre.
Sin embargo, después de una hora de navegar, casi al llegar al lugar conocido como Punta Norte, el temporal los atrapó. Recuerda que el fuerte oleaje y los vientos dificultaban el regreso a la costa.
Al llegar a la playa esperaron a que regresara la primera embarcación en zarpar. Sin embargo los minutos pasaron y nunca la avistaron. Ya cerca de las 2:00 de la tarde, tanto pobladores, familiares y autoridades comenzaban a temer lo peor, pues el clima, lejos de mejorar, emporó.
A más de 19 días de su desaparición, los operativos de búsqueda no son fructíferos. Los tres pescadores no aparecen y aunque entre los familiares hay resignación, la incertidumbre por no tener un cuerpo al cual llorarle, los atormenta todos los días.


Padecían de alcoholismo
Trabajó en el ingenio La Gloria y se volvió pescador


chachalacas
rodrigo barranco déctor
imagen del golfo


En Chachalacas no hay muchas opciones de empleo. Quien no trabaja de pescador, renta inflables a los turistas o se hace empleado en algún hotel de la zona.
El alcoholismo es frecuente entre los lugareños. Manolo López Morales y Raúl Chávez Téllez padecían esa enfermedad.
Hace dos años ambos se conocieron en el centro de rehabilitación "Liberación del Alma", mejor conocido como "Anexo de Bobo". Mientras se rehabilitaban de su adicción cultivaron una amistad que podría haber concluido en tragedia.
Manolo, con 36 años de edad, trabajaba como obrero en el ingenio La Gloria. Sin embargo la zafra se atrasó y al no tener otra fuente de ingreso decidió meterse de pescador.
Fue a visitar a su amigo Raúl, quien desde niño trabajaba en la mar con su padre Rubén. Después de algunas negociaciones logró un lugar como ayudante en la lancha "Rubí".
Acudía temprano en su motoneta desde Cempoala al atracadero de Chachalacas, para salir a la pesca de tiburón. El 25 de noviembre zarpó con Raúl y Jonathan Chávez y no regresaron. Al parecer el temporal les jugó una mala pasada.
‚"Todos me dicen que ya me resigne. Los pescadores, la gente, me insinúan que algo malo les pasó, pero a mí como que me hace falta el chiquillo", cuenta, sin aparente pena y con una sonrisa tímida, María Lucrecia López Barradas, madre de Manolo.
La señora de 55 años de edad tiene un brazo roto; se lastimó hace tres meses al caer cuando trabajaba como sirvienta en una casa de Cardel. Al no poder laborar ella, su hijo se hacía cargo de su hermana y por supuesto, de ella, Ahora, al estar desaparecido, ambas quedaron en el desamparo.
Rentaban una casa en el centro de un pueblo llamado Las Flores, pero al no poder pagarla pidieron asilo en una vivienda en Cempoala, para así poder trasladarse más rápido a Chachalacas en caso de recibir noticias de su hijo.
‚"Don Augusto Barradas es papá del novio de mi hija María Inés, y pues yo no puedo trabajar por mi brazo, y venimos acá de arrimadas y no sabemos qué vamos a hacer si no aparece Manolo".
MANOLO
Manolo es soltero. Desde muy pequeño comenzó a beber de más, hasta que se volvió alcohólico. Su enfermedad llegó a límites graves, pues comenzó a alucinar.
Su madre cuenta que cuando él caminaba por las calles, sentía que alguien lo correteaba. Entonces agarraba un palo o aventaba piedras para defenderse de la nada.
‚"Yo me despertaba en la noche para proteger a mi hija, porque qué tal si agarraba el palo y nos pegaba a nosotras", platica la madre, quien no deja de sonreír como si los recuerdos le causaran simpatía.
Al pasar el tiempo Manolo, solo sin que nadie lo obligara, se incorporó al grupo de Alcohólicos Anónimos "Liberación del Alma", donde logró superar su problema.
No estudió y desde muy pequeño aprendió a trabajar la caña. Desde su rehabilitación, su única diversión era ver en DVD películas de acción y salir a pasear al parque con muchachas, recuerda Lucrecia, quien insiste con esperanza: ‚"por ahí anda mi chiquillo".

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